Escuela Democrática de Humachuco, una esperanza ante la desesperanza del progreso

Escuela Democrática de Huamachuco from enrique cruz on Vimeo.

Hasta ahora entiendo con certeza que para conocer y entender la esencia de una escuela, sus objetivos y sentimientos, es necesario tiempo, tiempo para convivir, tiempo para hacer, tiempo para mirar desde adentro y desde abajo. Avanzando he podido visitar más de 15 escuelas durante 10 meses del proyecto EDUbicla, y hasta ahora, me siento incapaz de capturar su interior, solo puedo realizar una descripción de lo que siento y veo, aderezado con lo que me cuenta la persona que entrevisto.

Esta lección la aprendí con Valerio Narvaes, una persona que con su mirada transmitía más de lo que hablaba. El reto para abrir La Escuela Democrática en una población pequeña como Huamachuco, con las diversas problemáticas que rodean esta población, es y sigue siendo un trabajo arduo y en ocasiones peligroso de alguien comprometido con cambiar realidades.

En un seminario, a mi paso por Chiapas, tuve la fortuna de escuchar una frase del Sub. Marcos, ahora Galeano, que desde entonces forma parte de la memoria de EDUbicla y que recordé durante mi charla con Valerio:

“A ver si hay suerte y alguien se entera, y a ver si hay un poco más de suerte y el que se entera se indigna, y a ver si hay otro poco más de suerte, y el que se indigna hace algo“

 

Valerio es protagonista de muchas pugnas, cada una de ellas del proceso de la indignación y también del hacer algo. De intervenir pues.

La Escuela Democrática nació 8 años atrás, con el esfuerzo de un Peruano que fue capaz de creer en él, a costa de todo. Porque es más fácil atribuirle el mérito de un buen proyecto a otras naciones, antes de averiguar que alguien igual a ti esta haciendo cosas diferentes a ti. Lo menciono porque cuando preguntaba sobre está escuela en Huamachuco el 99% de las personas lo atribuía a “Los alemanes“ reduciendo a nada o peor que nada, el trabajo del fundador, un peruano igual a ellos.

 Mi visita a la escuela fue afortunada. Después de una serie de momentos de suerte, me enteré que si los responsables de la escuela hubieran leído mi solicitud por correo, antes de presentarme a las 7:00 am donde toman el transporte para ir a la escuela, la realidad hubiera sido diferente. Solo aceptan voluntarios con una estancia mínima de 3 meses, para conocer al menos un poco el cómo se maneja, el cómo se realiza. Es requisito desde hace un tiempo.

Mi entrada a la escuela fue un martes por la mañana e inmediatamente forme parte de su dinámica. La primera fue en circulo en el salón amarillo, donde se canta y se convive, donde se brinca y se ríe. Todos participan por elección, porque es divertido, a pesar de que bailar y cantar no es mi fuerte y  Simón no me acompaño en esta ocasión, lo disfrute.

 Citas 2En una de las paredes del salón amarillo había un letrero de las actividades que habría ese día. Cada quien era libre de elegir y distribuir su tiempo, desde el menor de ellos que no pasaba los 3 años, hasta el más grande de quizá 12. No había presión, no había falsa libertad y después persuasión, pero tampoco había desinterés.

Yo tuve la libertad de visitar todas las clases, cada una me atrapaba, en cada una tenia una batería de preguntas sin realizar, para no interrumpir ese desarrollo tan desconocido para mi, pero a la vez tan nuevo y atrayente. Pablo un niño de 10 años que devora libros desde que descubrió el gusto por la lectura, enseñaba matemáticas a otro más pequeño, mientras resolvía una hoja de multiplicaciones que tomo del librero, junto con una decena de ejercicios que están esperando a ser elegidos.

 CitasEn el salón de comunicación, el profesor Enrique Carvajal, un escritor huamachuquino brillante (leí su libro) transcribía un poema en una lamina mientras sus alumnos elegían que libro tomar de la repisa repleta de títulos interesantes. Su salón, lleno de sillones confortables y tapetes, te invitaban a tirarte en cualquier parte del salón. No había mesa-bancos ni sillas incomodas.

El almuerzo se sirve a medio día, todos forman parte del ritual de los alimentos. Platicar, convivir y lavar sus trastos al finalizar, es parte del trato sin contrato.

Como siempre, no basto el tiempo. Mire el reloj cuando Valerio me avisaba que me tendría que bajar caminando, porque solo harían un viaje y ya no había espacio. Eran las 4 de la tarde y ni siquiera había tomado fotos de las instalaciones, fue muy rápido todo.

Solo unas preguntas para la reflexión:

¿Cómo serán estos niños al egresar de un sistema donde su voz y elección es tomada en cuenta?

¿Cómo se enfrentarán a una sociedad acostumbrada a obedecer y no a cuestionar?

¿Cómo será cuando esos niños tenga que ingresar al siguiente nivel educativo y no cuenten con otra opción más que la del Estado?

Quizá el reto más que deberán enfrentar será levantar su voz ante la amenaza que observan todos los días al mirar por la ventana de su escuela, una minera que rompió cristales y daño el suministro de agua de su escuela, justo el día en que Valerio Narvaes levanto su voz por medio de un libro titulado: “Huamachuco: De la bendición a la maldición del oro“ y que sigue siendo presentado en muchas localidades de Perú.

     

 Quiero agradecer la fortuna de encontrar ángeles del camino a mi paso por Huamachuco, nunca olvidare su infinita ayuda.

edubicla

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