El ENCANTAMIENTO, historias del camino

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Buscando la zona arqueológica de Revash, en la selva amazona, llegué a un poblado pequeño de no más de 20 casas. Su entrada era a través de un puente de madera vieja, que lo separaba del camino, y tal pareciera también de la civilización. Al cruzar el puente una señora y su hijo me confirmo el pasaje y ofreció su casa como estancia para mi bicicleta mientras subía a las ruinas. “Señal de amabilidad“, me dije a mi mismo e ingrese sin titubeos.

Al entrar al poblado note que había una escuela justo a unos metros del puente, y me dispuse a solicitar hospedaje (sabia que llegaría tarde de las ruinas). Rápidamente el profesor encargado, que estaba en una reunión extraordinaria en la escuela, por suerte, acepto mi solicitud y asigno a un guía del pueblo para que me acompañara por tan sinuosa travesía.

A lo lejos una señora que supongo era familiar de mis guías, grito:

 

“Cuiden al gringo, no se vaya quedar encantado en la montaña“

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Edward y Yud, de 9 y 13 años respectivamente, fueron mis acompañantes. Edward hablaba poco, y cuando lo hacían su volumen bajaba, solo se limitaba a contestar lo indispensable. Yud era lo opuesto, carismática y tenia conversación para todo tipo de tema, cosa que ayudo en un trayecto de más de 2 horas hasta la cima de la montaña. Revash estaba más lejos de lo que pensé.

 Caminado por un sendero de tierra, escuche como murmuraron entre ellos preguntándose qué camino elegir para subir más rápido. Rápidamente Yud tomo la decisión diciendo:

 

“Vamos por el camino grande, aunque tardemos más“

 

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Al escucharlos les pregunte que por qué no íbamos por el otro si era más corto y rápido?, y ella contestó que ese camino le daba miedo porque había una zona donde la gente se queda encantada.

Después de mucha insistencia para averiguar de qué se trataba el tema del encantamiento, ella solo sugería historias cortadas y sin sentido. Al parecer no se acordaba o no sabia la historia con certeza. Decía que la gente se quedaba en la montaña atrapada, al ver una cueva llena de oro.

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El camino era largo, tenia algunas inclinaciones difíciles de subir y el tiempo para oscurecer estaba llegando. Yud decidió, casi al final del recorrido, que nos esperaría en una explanada a que bajáramos de vuelta, ya estaba cansada. Edward y yo aceleramos el paso para llegar, faltaba poco cuando él no quiso subir más. “Saca fotos desde aquí“ decía, “más arriba es peligroso“. Yo no comprendía cual era el peligro extracto o la razón por la que él se ponía tan nervioso. Al final de tanta insistencia y al ver que tenia problemas de que yo subiera más, decline, tome un par de fotos y baje.

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Al regreso le pregunte cual era la razón de su nerviosismo y solo dijo que no le gustaba ese lugar.

 Revash es una zona con edificaciones en los acantilados, hechas según dicen por los Incas, donde colocaban a sus muertos junto con las ofrendas que la familia dejaba. Otros dicen que fueron construidas para que los muertos vigilarán el paraje. Lo cierto es que en cada edificación encuentras osamentas de 1 o más personas, al menos las que quedan, los turistas o curiosos muchas veces las toman como suvenires de viaje.

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Cuando finalmente tuve la oportunidad de charlar, al día siguiente, con el profesor de la escuela, me narro la historia de aquel miedo y nerviosismo de la gente de la comunidad de Puente de Santo Tomas en la amazonas Peruana, en relación al encantamiento, al poder de la montaña y al miedo aparentemente irracional de Edward.

 

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Historia

En la comunidad se sabe una historia de una persona que fue la más rica del pueblo. Cuentan que él era un cuidador de animales y que un día su toro se extravió en la montaña, justo en una peña. Él, después de buscarlo por la montaña, lo vio que ingresaba en una de la peña y fue en su búsqueda. Al llegar, pudo ver al toro al fondo, donde también había más gente. Ingresó y una persona le preguntó: ¿Qué hace usted aquí? por lo que él contesto que buscaba a su toro, ese que estaba al final del camino. La persona le dijo que su comunidad estaba en fiesta y que el toro era parte del festejo. Le pedía muy amablemente si fuera posible prestárselos por ese día, solo en lo que dura la fiesta. Después de mucho insistir, el señor acepto prestarles el toro y quedarse a dormir ahí, siempre y cuando a la mañana siguiente le devolvieran su animal.

 Al día siguiente y según lo prometido, la gente de la comunidad despidió al toro y agradeció al hombre por tan gentil gesto. En agradecimiento, se podía llevar los adornos que le habían colocado al toro para la fiesta. La sorpresa de aquel hombre fue cuando descubrió que los adornos que vestían al toro eran de oro puro. Salió rápido de la peña y se dirigió a su casa con la emoción de compartir la historia con su familia. Al llegar notó una multitud rodeando su casa y gente que al mirarlo parecía a ver visto un muerto. Efectivamente su ausencia no había sido de un día, sino de un año, y la familia estaba llevando a cabo el funeral después de tanto tiempo de desaparecido.

 Hubo mucho alarde y revuelta, hasta que finalmente él contó la historia… esa historia que había durado solo un día, pero en la “realidad“ había pasado un año.

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Toda la gente del Puente de Santo Tomas, creen y temen esa historia. Ella, forma parte de la creencia colectiva, y cuando la cuentan, lo hacen recreándola, la respiran en el día a día de la comunidad. Todos están convencidos que en esa peña existen poderes que no se pueden comprender.

edubicla

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