Trampolín de la Muerte, una crónica ciclista

Popayán fue el punto decisivo para elegir la ruta hacia el sur. ¿Las opciones? Tomar la Panamericana de Popayán-El Bordo- Pasto, con una distancia de 246km, pero con algunas alertas de robo a cicloturistas, que al transitarla, publicaban sus experiencias (advertencias) por la red. Al menos supimos de 4 asaltos confirmados en los pasados meses, uno de ellos, una mexicana que recientemente había sido víctima de robo.

 La otra opción: Popayán-Mocoa-Pasto, una ruta llamada “El trampolín de la muerte“(Nombre dado únicamente al trayecto Mocoa-Pasto) por sus riesgosos abismos sin contención, atravesando dos de las tres cadenas montañosas colombianas y una carente estructura hidráulica para soportar las decenas de ríos y cascadas que atraviesan la vía. Las personas que hablaban sobre esta ruta, la describían con vistas increíbles y que bien valía la pena los 9700m de ascenso en todo el trayecto.

 Los retos siempre están cargados de misterio, y con preguntas que giran como mosquitos. ¿Será posible?, ¿Valdrá la experiencia?, ¿Seré capaz de sortearla?¿ Estará en medio de la nada?…Emociones contradictorias son las que se generan con la duda y la incertidumbre. Finalmente llegó la confirmación. Después de un mes de retraso, unas llantas nuevas traídas desde tierras germanas, daban el empujón para encarar el reto con firmeza y la segunda opción fue la elegida.

 Salimos de Popayan por la mañana rumbo a Paletará. Un trayecto con subidas constantes, hasta coronar los 3000m de altitud, altura donde se encuentra este poblado. Al llegar y preguntar sobre opciones para pasar la noche, una persona nos sugiere preguntar en la casa comunitaria, justo ese día tenían reunión de vigilantes comunitarios que custodian el territorio del kokonuco.

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 Acampamos en uno de los pasillos del edificio, escuchando música de fiesta, risas y bromas que no pararon hasta altas horas de la noche. Los guardias tenían su festejo después de su reunión… claro no sin antes, durante la cena, uno de ellos nos compartió el significado de su emblema, su vestimenta y significado de los colores que cada uno de ellos porta en su vestir.

“Somos una comunidad de paz, no creemos en el conflicto, por eso no estamos armados. Lo único que portamos es un palo para protegernos de la invasión de empresas, policías, gobierno… que agreden nuestra tierra… tierra que quieren para ellos“   trampo 14

 Con desvelo y frío llegamos al día siguiente a San Agustín. Nos recibieron en la casa de Don Alfonso, una casona de dos pisos a un costado del mercado, donde rápidamente nos apropiamos como si fuera nuestro hogar. Quizá la mejor opción costo beneficio de todo el poblado. Yo le daría 5 estrellas si tuviera agua caliente (Hace frío). Pero la amabilidad, cariño y un café por las mañanas, hace que no importe tanto.

 De San Agustín a San Juan de Villalobos (Poblado que no aparece en ningún mapa) es un día de recorrido, con subidas, bajadas, lluvia y frio. Este ultimo hace que el camino se convierta en un cascabeleo constante. Al llegar, lo primero que impacta es el edificio de policía, contrasta con todas las casas pequeñas y de arquitectura sencilla.

 Nuestro primer contacto fue una charla con dos policías que al compartir un vaso de tinto (café) nos daban una lectura del pueblo y una recomendación del centro de salud para pasar la noche. Recomendación que fue acertada. Nos dijeron rápidamente que “si“, nos asignaron las camas de hospitalización y nos dijeron, que era muy raro, que llegarán emergencias. Esa noche llegaron tres emergencias: Un niño que se había caído de un bus, un abuelo que había sido atropellado por una moto y a las 2:00 am un joven motociclista que perdió la vida a unas horas de llegar al centro.

 Partimos de San Juan con un sabor amargo en las bocas, desayunamos en silencio y nos dirigimos a Mocoa, último poblado antes de iniciar el Trampolín. Nuestra llegada fue triunfal, un grupo de 100 ciclistas montañeros que habían llegado el mismo día que nosotros, pero en dirección opuesta, nos dieron sus recomendaciones, consejos y debo aceptarlo, me dejaron mucho más tranquilo con los ánimos, diciendo que no eran tan difícil.

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El Trampolín de la Muerte

En Mocoa una vez más, los bomberos salieron en nuestra ayuda y auxilio. Dormimos y descansamos en la estación dos noches, con el fin de tener toda la energía para el trayecto. Salimos un miércoles con dirección al mirador, que está a unos 1400 m de ascenso en caminos de terracería, piedras sueltas y una vez más… lluvia.

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Al llegar al mirador, que es el punto más alto de la primer montaña, seguimos unos 4 km más, en total 41 km de Mocoa hasta encontrar un restaurante llamado “Cristal“. Punto de descanso de muchos ciclistas y donde sus dueños, acostumbrados a los turistas en bicicleta, te ofrecen café y un techo donde pasar la noche. El fogón del menudo, a las afueras del restaurante, sirvió para intentar, sin mucho éxito, secar nuestra, ropa, calcetines y lo más importante, los tenis que pesaban el doble.

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Después de una noche en la cabaña donde almacenan la leña, colocarnos los tenis mojados y salir en medio de lluvia constante, partimos con destino a Sibundoy, el objetivo del segundo día y las esperanzas de pavimento. El trayecto no es fácil, sus subidas con tierra, piedras y agua, hacen que el avance sea lento y cansado, pero sus paisajes, son el paliativo para el esfuerzo, eso si, tiene que ser una excelente vista para que valga la pena detener tu ritmo y paso, para sacar la cámara fotográfica.

Un dato importante es que la vía en un 70% o más, es solo para un vehículo, donde el transito en su mayoría son camionetas de trasporte de personas y de carga, con el tiempo medido para llegar y con poca consideración a los terceros. Por lo que recomiendo que les des siempre el paso, porque ellos no se detendrán ni con un ciclista en la vía. Claro, siempre hay excepciones, pero bien vale la pena la cautela y más en el Trampolín de la Muerte.

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 Para llegar a Sibundoy tienes que realizar un descenso fuerte y constante, por lo que aconsejo que tus frenos estén en buenas condiciones y lleven una chaqueta abrigadora, en caso de lluvia, una impermeable abrigada. Al llegar al Valle encontré a James con los labios morados y las manos en la misma situación. Mi sorpresa fue cuando al comprar el café y cambiarme la ropa mojada en un restaurante, descubrí al verme al espejo que mi aspecto también estaba morado por el frío, incluso en peor estado.

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En Sibundoy existen muchas opciones de hospedaje. Es la comunidad más grande del Valle y los costos de hoteles son bastante accesibles para cualquier tipo de viajeros. Cuenta con todas la necesidades que puedas requerir: Wifi, farmacias, lavanderías, restaurantes… La distancia entre el restaurante el Cristal (primer punto) y Sibundoy, son 40 kilómetros y el pavimento se hace presente a pocos kilómetros antes de llegar al destino.

El tercer día y último fue el más duro, no sé si fue por la lluvia y frío que no dieron tregua en los tres días, la acumulación de cansancio de los días anteriores o porque los ascensos son los más constantes. Lo cierto es que a kilómetros de llegar al punto más alto ,para después iniciar el descenso a Pasto, mis piernas, dedos de los pies y manos no reaccionaban de la misma manera, se resistían a seguir con el movimiento mecánico y repetitivo de las horas anteriores. Hubo un punto donde por estar en construcción, la tierra en combinación con el agua, hacían una mezcla tan chiclosa y densa que era imposible el avance de la bicicleta.

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Una antena de telecomunicaciones a una altura de 3300 m anunciaba el termino de la subida, nos detuvimos en el ultimo paradero para fotografiar la laguna De la cocha y despedirnos de esta ruta que representaba el reto más grande de mi viaje y también el reto más grande para Arobed (mi bicicleta) diseñada únicamente para caminos de carretera y no para caminos de terracería.

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Pasto es la ciudad que más gusto, hasta ahora, me ha dado ver desde los altos. El reto estaba hecho, estábamos enteros y completos, con buenas historias que contar y lo más importante… demostrarnos a nosotros mismos que es posible, que tu cuerpo es más fuerte de lo crees y que la voluntad es el motor más fuerte para seguir adelante.

Antes de llegar a mi destino, fue imposible recordar a Irene, una amiga mexicana que me acompaño en la sierra Chiapaneca y que fue capaz de subir la selva negra en una bicicleta de 30 dls, con cambios deficientes y una cadena que rechinaba a cada vuelta… al llegar a San Cristóbal ella dijo: “¡¡Puro Corazón¡¡“ y tenia razón.

La ruta:

Popayan- Paletará- San Juan de Villalobos- Mocoa- Restaurante Cristal- Sibundoy- Pasto

 Estas ultimas en negritas, el Trampolín de la Muerte.

     

edubicla

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