BiciTeca

Beto Biciteca

La capacidad de conectar con la realidad desde un sentir colectivo, preocuparse y actuar en consecuencia para transformar el contexto remando a favor pero también en contra de todo y todos, es lo que tuve la fortuna de encontrar a mi paso por Cajabamba Perú, una localidad en la cordillera, donde su gente amable y solidaria te dan la bienvenida desde el primer minuto. Ahí conocí a Alberto Vásquez Flores y  a su familia, pero también tuve el privilegio de conocer su andar, sus sueños, sus luchas. Biciteca es una de ellas, es un proyecto que tiene la finalidad de acercar de manera gratuita otros mundos, otras formas, otras realidades por medio de la lectura. Él viaja en una bicicleta cargada de libros y sueños desde hace un año recorriendo las calles de su comunidad prestando libros. “Cajabamba un pueblo que lee” es su eslogan.

Cajabamba también es un lugar donde la minería es un tema constante y de verdades a medias, donde la economía lucha encarnizadamente contra la cultura, y donde el “progreso” es un argumento utilizado una y otra vez para justificar el deterioro. Pero el tema ambiental, ahora esta siendo tomado más en cuenta, ahora hay más resistencia contra la opresión y el arrebato. A mi paso, la minería estaba suspendida precisamente porque la población estaba en contra de algunos procesos.

¿Esta resistencia tendrá que ver con el eslogan de BiciTeca?

Ojalá y hubiera más Betos por ahí, de esos que dejan el “yo” para convertirse en un “nosotros” y actuar en consecuencia.

Cuantas personas increíbles hay allá afuera ¿Tú ya saliste a su encuentro?
 

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El ENCANTAMIENTO, historias del camino

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Buscando la zona arqueológica de Revash, en la selva amazona, llegué a un poblado pequeño de no más de 20 casas. Su entrada era a través de un puente de madera vieja, que lo separaba del camino, y tal pareciera también de la civilización. Al cruzar el puente una señora y su hijo me confirmo el pasaje y ofreció su casa como estancia para mi bicicleta mientras subía a las ruinas. “Señal de amabilidad“, me dije a mi mismo e ingrese sin titubeos.

Al entrar al poblado note que había una escuela justo a unos metros del puente, y me dispuse a solicitar hospedaje (sabia que llegaría tarde de las ruinas). Rápidamente el profesor encargado, que estaba en una reunión extraordinaria en la escuela, por suerte, acepto mi solicitud y asigno a un guía del pueblo para que me acompañara por tan sinuosa travesía.

A lo lejos una señora que supongo era familiar de mis guías, grito:

 

“Cuiden al gringo, no se vaya quedar encantado en la montaña“

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Edward y Yud, de 9 y 13 años respectivamente, fueron mis acompañantes. Edward hablaba poco, y cuando lo hacían su volumen bajaba, solo se limitaba a contestar lo indispensable. Yud era lo opuesto, carismática y tenia conversación para todo tipo de tema, cosa que ayudo en un trayecto de más de 2 horas hasta la cima de la montaña. Revash estaba más lejos de lo que pensé.

 Caminado por un sendero de tierra, escuche como murmuraron entre ellos preguntándose qué camino elegir para subir más rápido. Rápidamente Yud tomo la decisión diciendo:

 

“Vamos por el camino grande, aunque tardemos más“

 

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Al escucharlos les pregunte que por qué no íbamos por el otro si era más corto y rápido?, y ella contestó que ese camino le daba miedo porque había una zona donde la gente se queda encantada.

Después de mucha insistencia para averiguar de qué se trataba el tema del encantamiento, ella solo sugería historias cortadas y sin sentido. Al parecer no se acordaba o no sabia la historia con certeza. Decía que la gente se quedaba en la montaña atrapada, al ver una cueva llena de oro.

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El camino era largo, tenia algunas inclinaciones difíciles de subir y el tiempo para oscurecer estaba llegando. Yud decidió, casi al final del recorrido, que nos esperaría en una explanada a que bajáramos de vuelta, ya estaba cansada. Edward y yo aceleramos el paso para llegar, faltaba poco cuando él no quiso subir más. “Saca fotos desde aquí“ decía, “más arriba es peligroso“. Yo no comprendía cual era el peligro extracto o la razón por la que él se ponía tan nervioso. Al final de tanta insistencia y al ver que tenia problemas de que yo subiera más, decline, tome un par de fotos y baje.

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Al regreso le pregunte cual era la razón de su nerviosismo y solo dijo que no le gustaba ese lugar.

 Revash es una zona con edificaciones en los acantilados, hechas según dicen por los Incas, donde colocaban a sus muertos junto con las ofrendas que la familia dejaba. Otros dicen que fueron construidas para que los muertos vigilarán el paraje. Lo cierto es que en cada edificación encuentras osamentas de 1 o más personas, al menos las que quedan, los turistas o curiosos muchas veces las toman como suvenires de viaje.

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Cuando finalmente tuve la oportunidad de charlar, al día siguiente, con el profesor de la escuela, me narro la historia de aquel miedo y nerviosismo de la gente de la comunidad de Puente de Santo Tomas en la amazonas Peruana, en relación al encantamiento, al poder de la montaña y al miedo aparentemente irracional de Edward.

 

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Historia

En la comunidad se sabe una historia de una persona que fue la más rica del pueblo. Cuentan que él era un cuidador de animales y que un día su toro se extravió en la montaña, justo en una peña. Él, después de buscarlo por la montaña, lo vio que ingresaba en una de la peña y fue en su búsqueda. Al llegar, pudo ver al toro al fondo, donde también había más gente. Ingresó y una persona le preguntó: ¿Qué hace usted aquí? por lo que él contesto que buscaba a su toro, ese que estaba al final del camino. La persona le dijo que su comunidad estaba en fiesta y que el toro era parte del festejo. Le pedía muy amablemente si fuera posible prestárselos por ese día, solo en lo que dura la fiesta. Después de mucho insistir, el señor acepto prestarles el toro y quedarse a dormir ahí, siempre y cuando a la mañana siguiente le devolvieran su animal.

 Al día siguiente y según lo prometido, la gente de la comunidad despidió al toro y agradeció al hombre por tan gentil gesto. En agradecimiento, se podía llevar los adornos que le habían colocado al toro para la fiesta. La sorpresa de aquel hombre fue cuando descubrió que los adornos que vestían al toro eran de oro puro. Salió rápido de la peña y se dirigió a su casa con la emoción de compartir la historia con su familia. Al llegar notó una multitud rodeando su casa y gente que al mirarlo parecía a ver visto un muerto. Efectivamente su ausencia no había sido de un día, sino de un año, y la familia estaba llevando a cabo el funeral después de tanto tiempo de desaparecido.

 Hubo mucho alarde y revuelta, hasta que finalmente él contó la historia… esa historia que había durado solo un día, pero en la “realidad“ había pasado un año.

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Toda la gente del Puente de Santo Tomas, creen y temen esa historia. Ella, forma parte de la creencia colectiva, y cuando la cuentan, lo hacen recreándola, la respiran en el día a día de la comunidad. Todos están convencidos que en esa peña existen poderes que no se pueden comprender.

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Trampolín de la Muerte, una crónica ciclista

Popayán fue el punto decisivo para elegir la ruta hacia el sur. ¿Las opciones? Tomar la Panamericana de Popayán-El Bordo- Pasto, con una distancia de 246km, pero con algunas alertas de robo a cicloturistas, que al transitarla, publicaban sus experiencias (advertencias) por la red. Al menos supimos de 4 asaltos confirmados en los pasados meses, uno de ellos, una mexicana que recientemente había sido víctima de robo.

 La otra opción: Popayán-Mocoa-Pasto, una ruta llamada “El trampolín de la muerte“(Nombre dado únicamente al trayecto Mocoa-Pasto) por sus riesgosos abismos sin contención, atravesando dos de las tres cadenas montañosas colombianas y una carente estructura hidráulica para soportar las decenas de ríos y cascadas que atraviesan la vía. Las personas que hablaban sobre esta ruta, la describían con vistas increíbles y que bien valía la pena los 9700m de ascenso en todo el trayecto.

 Los retos siempre están cargados de misterio, y con preguntas que giran como mosquitos. ¿Será posible?, ¿Valdrá la experiencia?, ¿Seré capaz de sortearla?¿ Estará en medio de la nada?…Emociones contradictorias son las que se generan con la duda y la incertidumbre. Finalmente llegó la confirmación. Después de un mes de retraso, unas llantas nuevas traídas desde tierras germanas, daban el empujón para encarar el reto con firmeza y la segunda opción fue la elegida.

 Salimos de Popayan por la mañana rumbo a Paletará. Un trayecto con subidas constantes, hasta coronar los 3000m de altitud, altura donde se encuentra este poblado. Al llegar y preguntar sobre opciones para pasar la noche, una persona nos sugiere preguntar en la casa comunitaria, justo ese día tenían reunión de vigilantes comunitarios que custodian el territorio del kokonuco.

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 Acampamos en uno de los pasillos del edificio, escuchando música de fiesta, risas y bromas que no pararon hasta altas horas de la noche. Los guardias tenían su festejo después de su reunión… claro no sin antes, durante la cena, uno de ellos nos compartió el significado de su emblema, su vestimenta y significado de los colores que cada uno de ellos porta en su vestir.

“Somos una comunidad de paz, no creemos en el conflicto, por eso no estamos armados. Lo único que portamos es un palo para protegernos de la invasión de empresas, policías, gobierno… que agreden nuestra tierra… tierra que quieren para ellos“   trampo 14

 Con desvelo y frío llegamos al día siguiente a San Agustín. Nos recibieron en la casa de Don Alfonso, una casona de dos pisos a un costado del mercado, donde rápidamente nos apropiamos como si fuera nuestro hogar. Quizá la mejor opción costo beneficio de todo el poblado. Yo le daría 5 estrellas si tuviera agua caliente (Hace frío). Pero la amabilidad, cariño y un café por las mañanas, hace que no importe tanto.

 De San Agustín a San Juan de Villalobos (Poblado que no aparece en ningún mapa) es un día de recorrido, con subidas, bajadas, lluvia y frio. Este ultimo hace que el camino se convierta en un cascabeleo constante. Al llegar, lo primero que impacta es el edificio de policía, contrasta con todas las casas pequeñas y de arquitectura sencilla.

 Nuestro primer contacto fue una charla con dos policías que al compartir un vaso de tinto (café) nos daban una lectura del pueblo y una recomendación del centro de salud para pasar la noche. Recomendación que fue acertada. Nos dijeron rápidamente que “si“, nos asignaron las camas de hospitalización y nos dijeron, que era muy raro, que llegarán emergencias. Esa noche llegaron tres emergencias: Un niño que se había caído de un bus, un abuelo que había sido atropellado por una moto y a las 2:00 am un joven motociclista que perdió la vida a unas horas de llegar al centro.

 Partimos de San Juan con un sabor amargo en las bocas, desayunamos en silencio y nos dirigimos a Mocoa, último poblado antes de iniciar el Trampolín. Nuestra llegada fue triunfal, un grupo de 100 ciclistas montañeros que habían llegado el mismo día que nosotros, pero en dirección opuesta, nos dieron sus recomendaciones, consejos y debo aceptarlo, me dejaron mucho más tranquilo con los ánimos, diciendo que no eran tan difícil.

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El Trampolín de la Muerte

En Mocoa una vez más, los bomberos salieron en nuestra ayuda y auxilio. Dormimos y descansamos en la estación dos noches, con el fin de tener toda la energía para el trayecto. Salimos un miércoles con dirección al mirador, que está a unos 1400 m de ascenso en caminos de terracería, piedras sueltas y una vez más… lluvia.

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Al llegar al mirador, que es el punto más alto de la primer montaña, seguimos unos 4 km más, en total 41 km de Mocoa hasta encontrar un restaurante llamado “Cristal“. Punto de descanso de muchos ciclistas y donde sus dueños, acostumbrados a los turistas en bicicleta, te ofrecen café y un techo donde pasar la noche. El fogón del menudo, a las afueras del restaurante, sirvió para intentar, sin mucho éxito, secar nuestra, ropa, calcetines y lo más importante, los tenis que pesaban el doble.

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Después de una noche en la cabaña donde almacenan la leña, colocarnos los tenis mojados y salir en medio de lluvia constante, partimos con destino a Sibundoy, el objetivo del segundo día y las esperanzas de pavimento. El trayecto no es fácil, sus subidas con tierra, piedras y agua, hacen que el avance sea lento y cansado, pero sus paisajes, son el paliativo para el esfuerzo, eso si, tiene que ser una excelente vista para que valga la pena detener tu ritmo y paso, para sacar la cámara fotográfica.

Un dato importante es que la vía en un 70% o más, es solo para un vehículo, donde el transito en su mayoría son camionetas de trasporte de personas y de carga, con el tiempo medido para llegar y con poca consideración a los terceros. Por lo que recomiendo que les des siempre el paso, porque ellos no se detendrán ni con un ciclista en la vía. Claro, siempre hay excepciones, pero bien vale la pena la cautela y más en el Trampolín de la Muerte.

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 Para llegar a Sibundoy tienes que realizar un descenso fuerte y constante, por lo que aconsejo que tus frenos estén en buenas condiciones y lleven una chaqueta abrigadora, en caso de lluvia, una impermeable abrigada. Al llegar al Valle encontré a James con los labios morados y las manos en la misma situación. Mi sorpresa fue cuando al comprar el café y cambiarme la ropa mojada en un restaurante, descubrí al verme al espejo que mi aspecto también estaba morado por el frío, incluso en peor estado.

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En Sibundoy existen muchas opciones de hospedaje. Es la comunidad más grande del Valle y los costos de hoteles son bastante accesibles para cualquier tipo de viajeros. Cuenta con todas la necesidades que puedas requerir: Wifi, farmacias, lavanderías, restaurantes… La distancia entre el restaurante el Cristal (primer punto) y Sibundoy, son 40 kilómetros y el pavimento se hace presente a pocos kilómetros antes de llegar al destino.

El tercer día y último fue el más duro, no sé si fue por la lluvia y frío que no dieron tregua en los tres días, la acumulación de cansancio de los días anteriores o porque los ascensos son los más constantes. Lo cierto es que a kilómetros de llegar al punto más alto ,para después iniciar el descenso a Pasto, mis piernas, dedos de los pies y manos no reaccionaban de la misma manera, se resistían a seguir con el movimiento mecánico y repetitivo de las horas anteriores. Hubo un punto donde por estar en construcción, la tierra en combinación con el agua, hacían una mezcla tan chiclosa y densa que era imposible el avance de la bicicleta.

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Una antena de telecomunicaciones a una altura de 3300 m anunciaba el termino de la subida, nos detuvimos en el ultimo paradero para fotografiar la laguna De la cocha y despedirnos de esta ruta que representaba el reto más grande de mi viaje y también el reto más grande para Arobed (mi bicicleta) diseñada únicamente para caminos de carretera y no para caminos de terracería.

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Pasto es la ciudad que más gusto, hasta ahora, me ha dado ver desde los altos. El reto estaba hecho, estábamos enteros y completos, con buenas historias que contar y lo más importante… demostrarnos a nosotros mismos que es posible, que tu cuerpo es más fuerte de lo crees y que la voluntad es el motor más fuerte para seguir adelante.

Antes de llegar a mi destino, fue imposible recordar a Irene, una amiga mexicana que me acompaño en la sierra Chiapaneca y que fue capaz de subir la selva negra en una bicicleta de 30 dls, con cambios deficientes y una cadena que rechinaba a cada vuelta… al llegar a San Cristóbal ella dijo: “¡¡Puro Corazón¡¡“ y tenia razón.

La ruta:

Popayan- Paletará- San Juan de Villalobos- Mocoa- Restaurante Cristal- Sibundoy- Pasto

 Estas ultimas en negritas, el Trampolín de la Muerte.

     

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Mini historias sacadas del cuaderno de notas

El viaje esta plagado de historias. He aquí algunas que habitaban en la libreta

 

El llanto liberador y el regalo del adiós

 

Eva Serment es una de las personas más importantes en mi vida. Su carácter recio y su visión de alegría ante la vida, marcaron mi infancia y parte de la adolescencia.

Mi abuela nos dejo justo a 3 meses de iniciar mi viaje. Un dolor tan fuerte que solo fue mitigado con la alegría de haberme dado su bendición antes de que sus pulmones fallarán.

En una carretera del sureste mexicano, que no recuerdo cual. Una emoción de alegría y nostalgia invadieron mi andar y a mi bicicleta, sin siquiera darnos cuenta. Yo y Arobed (mi bici), entramos en un llanto incontrolable por un par de kilómetros. Las personas que viajaban en sus automóviles, en el sentido opuesto, miraban desconcertadas aquel derroche de emoción, y más de uno estuvo tentado a frenar su paso y descubrir que le pasaba a aquel ciclista.

Después de algunos kilómetros de dejar libremente que la emoción brotara y de calmar a mi bicicleta, que también estaba emocionalmente afectada, llego la paz. Aquella mezcla de emociones fue disipándose para finalmente solo quedar la alegría.

Las teorías religiosas siempre me han confundido, eso del cielo y demás cosas, son muy complicadas. Yo solo quiero pensar que esa fue la despedida que la abuela me regalo en medio de aquella carretera desolada del sureste mexicano.

 

El día que dio su bendición y buenos deseos para el viaje.

La pizza de la alegría

 

Eran como las tres de la tarde cuando llegamos a San Salvador. Hacia calor, nuestras ánforas de agua estaban calientes y lo más importante, teníamos un hambre colectiva que apretaba.

Al entrar a la ciudad, nos percatamos que estábamos en una zona “cara“, de esas donde NO se encuentran puestos de comida en la calle o fonditas de comida casera. En vez de eso, encontramos restaurantes Italianos, Japonés, comida Internacional, cadenas gringas de comida no tan rápida, en fin. Nuestra hambre apretaba más y las cartas tenían muchos ceros en sus precios.

Avanzamos más calles y por fin nos decidimos en un restaurante de comida china que no estaba “tan“ caro. El hambre lo justificaba. Cuando estábamos apunto de ingresar y dejar nuestras bicicletas en la calle, una hermosa camioneta gris, con una hermosa familia, bajaron su hermosa ventana, para ofrecernos una hermosa caja, diciendo con una hermosa sonrisa: “Les hemos visto pasar y les compramos una pizza“

Alegría, Risas, camaradería, más risa, sorpresa, gratitud, placer y un estomago lleno, generaron una nube de satisfacción aquel día, en aquellos cicloturistas, viajeros buscadores… que cambiaron todo el estado físico, mental y emocional por una caja, una pizza.

 

Ser mexicano en el Salvador

 

Estábamos acampando en un terreno frente a bares y cafés de la costa Salvadoreña. Un espacio abandonado, usado como taller, que era rentado por un hombre olvidadizo o muy listo. Se le olvidaba cuando le pagabas, y les cobraba a otros por ti, después de que ya estaba pagado. Un tipo muy interesante.

Por la noche estábamos James y otro cicloturista frente a nuestra casa improvisada, cuando un grupo de Salvadoreños deportados de LA, se pusieron muy amablemente a charlar con nosotros… ya saben, las preguntas obligadas: ¿ Cómo se llaman? ¿Quieren una cerveza? ¿De donde vienen? ¿Pero de qué país?, cosas así. Soy Mexicano respondí. Su cara cambio, miradas entre ellos se hicieron presentes, y después de unos segundos, empezaron a contarme historias de cómo los mexicanos tratan a los centroamericanos en EUA y lo amable que podemos llegar a ser. Esto ultimo fue un sarcasmo.

El esfuerzo para cambiar de tema, dispersar la atención hacia el ingles (James), hablar sobre comida y aceptar que los mexicanos que están en EUA son… digamos no tan buenos. No basto para cambiar el tema. La verdad es que cuando existen temas de razas o nacionalidades y alcohol de por medio, la mejor estrategia es hacer uso de todas las excusas que tengas, pero es prioritario alejarte.

Recuerden: El nacionalismo tiene sus cosas buenas y las muy malas. Pero definitivamente hacer uso de él, cuando estas en un país ajeno, con un grupo de personas con malas experiencias con tu gente y alcohol en el sistema, definitivamente no es recomendable.

Cena de 5 estrellas y un cielo de un millón de ellas

 

El Roble es una ciudad pequeña en Costarica donde según nuestro plan y mapa podíamos solicitar hospedaje en la Cruz Roja local , a nuestro paso por la costa.

Antes de llegar al domicilio, que marcaba nuestro mapa, una camioneta roja se coloco justo al costado de nosotros y preguntó un hombre corpulento y de tes blanca , casi saliendo de la ventana, cuales eran nuestros nombres y nuestros países de procedencia, mientras detenía el trafico en una de las calles principales.

Honestamente no le dimos importancia, parecía mera curiosidad y seguimos nuestro camino. Más adelante estaciono su camioneta y nos detuvimos ante su insistencia.

Tanto Bomberos como Curz Roja siempre ayudan a los cicloturistas, ofreciendo un techo donde acampar con seguridad y un baño con ducha incluida. El hombre de la camioneta Roja, tenia una propuesta distinta diciendo: “Quédense en mi local, les envito una cena. Créanme es más confortable que Cruz Roja“. 

Esa noche descubrimos que Carlos era dueño del restaurante más exclusivo de la comunidad, con una vista envidiable, a la orilla de una cadena montañosa.

Esa noche cenamos como nunca lo habíamos hecho durante nuestros viajes. Platillos preparados por él mismo, salían una y otra vez de la cocina. James, Keith y yo, no dábamos crédito. El “Wow“ fue la expresión más repetida durante esa noche.

Nuestros dormitorios incluían dos habitaciones con aire acondicionado y todos los servicios de modernidad.

 Comida

Mexicano secuestrado en uno de los países más seguros de Centroamérica.

 

 Las llantas Schwalbee son las más usadas para cicloturismo. Al menos eso dicen todos. Tecnología Alemana, protección antiponchaduras, bla, bla, bla… Las mías salieron con defecto, se me han ponchado más veces que cicloturistas que llevan 10 veces más kilómetros que yo.

En Costa Rica mis llantas seguían con defecto y en un tramo de 50 km y después de haber parchado 4 veces mi llanta, decidí que era suficiente y levante mi dedo en posición de aventón. Una camioneta tipo combi llego a mi auxilio.

 Yo fui claro y conciso, “¿Me podrían dejar en la antigua entrada a Monteverde?“. Eran solo 30 kilómetros. Lo dije con tanta seguridad porque según yo, esas eran las indicaciones que habíamos dicho justo cuando estábamos planeando la ruta días antes.

Al llegar, baje de la camioneta, me dirigí a una ferretería, compre parches, parche mi llanta, (otra vez), y espere pacientemente a que mis compañeros llegarán. No se cuanto espere, pero cuando empezó a obscurecer sospeche que ellos no llegarían. “Seguro me equivoque de camino“ me dije. Así fue, era un camino distinto a 15 km el uno del otro.

Ese día dormí a un costado de una estación de policía, comí arroz con frijoles que me ofrecieron los vigilantes, tuve ducha y baño justo frente a mi campamento, y hasta café y despensa fueron parte de la despedida. Excelentes personas

Al día siguiente me enfrente a la más difícil inclinación que he hecho hasta ahora y una carretera en tan malas condiciones que impidió mi caminar. Claro no sin antes leer en el Facebook de James, un comunicado que decía:

“Someone has kidnapped Enrique, the token Mexican in the most tranquilo country. Nice irony. Come back some we can reminisce about Mexican food (molotes) and use Mexican slang all day long“

 Monteverde

La súper fuerza del ingles

 

Eran las 9 de la noche cuando llegamos al Aeropuerto. Nuestro vuelo partía al día siguiente rumbo a Colombia, pero no queríamos contratiempos. En la pagina de la aerolínea estaba claro: tanto de alto, tanto de ancho, tanto de largo y claro, el peso. El ingles y yo hicimos hasta lo imposible para adecuarnos. Tiramos cosas, pasamos una y otra vez a la bascula, cortamos y pegamos con cinta… en fin, al final estábamos dentro de lo “permitido“… bueno un par de kilos arriba, pero no era mucho.

“Esas cajas superan las medidas permitidas joven“ dice la persona que nos atendía, con voz fuerte y al parecer con disfrute. !“Claro que no“¡, le conteste. Estuvimos las ultimas tres horas adecuándonos a las medidas. Revise una vez más por favor.

Sin exagerar estuvimos como 2 horas tratando de hacerle entender a la encargada, que unas medidas eran las que indicaba su pagina web y otra, las que ella estaba aplicando. El costo valía la discusión, créanme.

 Después de mucho rato y mucha saliva, nos dieron el pase de abordar, sin costo adicional. Corrimos hacia la sala pasando por dos filtros de seguridad. Yo solo deseaba que mi nacionalidad no generará mayor revisión. “Juro que no traigo droga“, bromee con un oficial al preguntarme sobre mi nacionalidad.

Empezamos a seguir a los que estaban en la fila con nosotros, asumiendo que teníamos el mismo destino. Nos formamos, respiramos y nos relajamos. Al llegar al final de la fila, una mujer nos pide el pase de abordar y nos dice: “Este no va para Colombia, están en otra puerta“

Correr con dos pantalones puestos y dos chamarras no fue fácil, pero corrimos como nunca… no sé en que momento sonó la alarma, pero sin darme cuenta, ya estábamos rodeados de personal de la aerolínea, diciendo en voz alta: ¡“Por qué abrieron la puerta, esto es una falta grabe, llamen a seguridad“¡

Lo que había pasado era que con la prisa de no perder el vuelo, el ingles al llegar a la puerta de abordar (que estaba cerrada) abrió con tanta fuerza que ni el supo explicar después como lo hizo, pero desprendió todos los sistemas de seguridad y candados.

Alarmas, falta grabe, multas, cárcel, castigo… fueron las palabras que sonaron una y otra vez en el discurso de la oficialía mayor del aeropuerto.

La mejor frase que escuchamos ese día fue: “Quizá para la otra no tengan tanta suerte, se pueden ir“

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Cada una de estas historias fueron desempolvadas de la libreta de notas que siempre viaja en la maleta delantera de Arobed.

 

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Reconstruyendo memorias Centroamericanas, después de los cinco, los ocho y finalmente los tres

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“A place to stay“ en Antigua Guatemala, fue el lugar elegido como punto de encuentro con otros cicloviajeros. Todo parecía planeado. Eran las 10 de la mañana cuando conmigo sumábamos 4, India, Inglaterra, México y USA fueron las nacionalidades que por coincidencia, coincidimos.

Cuando cada uno desde su rincón del planeta, comenta a sus semejantes lo que tiene planeado hacer “Voy a dejar todo, he irme en bicicleta hasta….“ la mayoría de las personas reaccionan con sorpresa y mirada que se puede interpretar como “Qué locura es esa?. Pero cuando estás con personas que están haciendo los mismo que tú, y que no es para nada una locura, sino que forma parte de una realidad más que concreta, la sensación es tan gratificante que es imposible no sentirse como en casa.

11705292_10101064854671735_2809477455921329192_nLa risa, la camaradería y la alegría de poder pedalear en línea, fue el ingrediente de los próximas jornadas, bajo las líneas Guatemaltecas. Cada uno con su ritmo y su forma, fuimos poco a poco leyéndonos.

Guatemala es un gran país, lleno de cultura y personas sorprendentes. Muy similar a México, pese a quien le pese. El Quetzal es su moneda y su símbolo nacional. Sus intimidantes montañas son las más difíciles de Centroamérica. Para acceder a ellas, a cambio tienes que ofrecer “sudor y sangre“… bueno no tanto, pero si es muy difícil.

11537577_10205618720680067_2876659091575189180_oFinalmente después de la ofrenda a Guatemala, cruzamos la frontera rumbo al Salvador. Éramos una banda de ciclistas adentrándose en terrenos salvadoreños, descubriendo a cada pedalada las maravillosas sorpresas culinarias del país.

Las pupusas fueron nuestro tesoro mejor encontrado y también la fuente inagotable de energía para seguir avanzando (1dls x 3 pupusas)

 Cuando llegamos a la costa del salvador, descubrimos que un mexicano había contactado a Omar, nuestro integrante indio, por medio de la red, donde anunciaba un posible incremento del grupo de 5 a 8. David de México, Johannes de Alemania y Jorge de Chile, fueron los nuevos tripulantes de está pandilla.

 La convivencia siempre es complicada, pero siempre pudimos coincidir y adecuarnos a los diferentes ritmos y elecciones de los todos, para que la maquinaria funcionará. “Al menos sin tanto alarde“. Fue así como llegamos a León, después de atravesar el golfo de cortes en lancha. Un recorrido que permite viajar del Salvador a Nicaragua sin la necesidad de pasar por Honduras. La verdad es que creo que no es tan peligrosa, pero en consenso se decidió que nos privaríamos de tan “peligrosa“ experiencia.

 En lancha, de la Unión el Salvador a Potosí Nicaragua, es un recorrido de 3 horas aproximadamente, con un costo de 30dls por persona. Si algún día llegan a hacer este trayecto, tomen en cuenta que llegarán encantados por el paisaje, pero también completamente mojados por el movimiento de la lancha.

 11738002_1014107735290317_5418738704210817846_nDurante el trayecto, experimente uno de los sentimientos más fuertes de libertad y plenitud de este viaje. Honestamente no sé si fue la combinación de paisaje, viento con brisa, que después se convirtió en chorros de agua, pero bastante agradable, la complicidad entre los otros, que viajábamos y nos adentrábamos en terrenos nuevos, sorpresivos, inciertos… o la combinación de ambas.

 Al llegar a migración, mojados y cansados de tanto sonreír, caímos en cuenta de lo tarde que era y de lo difícil que era encontrar a migración abierta. Al vernos, un guardia de Nicaragua acciono las alarmas por medio del celular, e inmediatamente llegaron dos responsables de migración que no paraban de girar la cabeza en sentido negativo, mirando al lanchero, como responsable de tan inconsciente acto. Nosotros no sabíamos que ocurría.

 Este incidente nos permitió ser entrevistados por oficiales nicaragüenses (solo los mexicanos) sobre nuestro primer recuerdo de la infancia, la fecha de nacimiento de nuestra mascota, las veces que habíamos ido al baño hace tres días y si nos dedicábamos a traficar droga… en fin… se entiende por la situación de México. Finalmente y después de dormir en la estación migratoria, nos dejaron ingresar al país.

 León fue nuestro destino después de la frontera y el lugar donde la pandilla tomaría distintos caminos. Al llegar a cada ciudad o poblado la tarea principal después de comer y beber algo, es buscar hospedaje. Así que David, un mexicano con habilidades de negociación y elocuencia sobresalientes, encontró una casa que había sido un cuartel de la guerrilla en Nicaragua y que era habitada por ex-revolucionarios Sandinistas. Si… auténticos revolucionarios que lucharon por su patria y que ahora compartían su “casa“ y sus historias con nosotros, por un costo de 1dls por noche, por persona.

 “El Bunker“, bautizado así por sus características e independencia con el exterior, fue nuestro hogar por unos días. Pero eso si, sin contar con la tan anhelada privacidad. Unas noches era el escenario de fiestas memorables y otros, de conciertos que retumbaban en las paredes de todo el Bunker, haciendo difícil el dormir.

 11838649_10207556524098964_8506140419887202571_oFinalmente después de 4 días en León, 3 de los 8 ciclistas, decidimos que un martes de Julio, era momento de partir. Las razones? Diversas… pero muy sanas. Ya era momento.

 Sensaciones de libertad y alegría experimente de nuevo en la carretera. Las crónicas de un Indio, un ingles y un mexicano (como el chiste) daban inicio, en uno de los países más hermosos que he conocido y que desafortunadamente esta empolvado y descartado como destino turístico por muchos.

 Granada fue nuestra siguiente parada después de la capital. Una ciudad colonial con un atractivo arquitectónico y social muy interesante y atrayente. Nuestra estancia duro tres días. Suficientes para descubrir que es un lugar obligado para regresar en otras circunstancias, en otro tiempo.

 Viajar en compañía es increíble, pero también tiene sus inconvenientes. En un trayecto de no más de 80 km rumbo a Rivas, perdimos a Omar, o el nos perdió a nosotros, no lo sabemos. Este tropiezo hizo que pedaleáramos mas kilómetros, echáramos a andar la maquinaria imaginativa pensando en todas las posibilidades del cuento, hacer entrevistas a cada persona en la carretera descifrando el paradero de nuestro amigo, fue la tarea por un par de horas. Finalmente nos contactamos por internet, después de haber dormido en distintas ciudades.

 Ometepe, lugar donde nos reunimos con Omar, es una maravillosa isla de más de 200 Km2 de extensión, dos volcanes decorando su geografía y una población de monos, caballos y otros animales en completa libertad, respetados por los habitantes.

 La distancia entre Rivas y la Isla de Ometepe es de 1.30 horas en ferry. El costo para llegar a la isla es de menos de 2 dls, pero por desgracia, depende del humor del cobrador, de la buena suerte que lleves ese día y de que tan extranjero sea tu aspecto. Para nosotros la experiencia fue increíble, acampamos dos días en la playa a un costo de $0 pesos, comimos gallo pinto(arroz con frijoles) con queso y huevo casi todos los días con un costo de $1.5 dls y recorrimos casi toda la isla en nuestras bicicletas en compañía de Christophe (Alemania) y Pablo (Argentina) sin gastar un centavo en transportación. Un verdadero paraíso con la mejores compañeros de viaje.

11807099_10205948026352503_2872071259886683416_o Después de la maravillosa Nicaragua, era difícil que algo nos sorprendiera, y aun más que estábamos por entrar al país más caro de Centroamérica, Costa Rica. Caminábamos rápido, gastábamos poco, nos limitábamos a cuestiones básicas. Los Bomberos, pero en su mayoría Cruz Roja, hicieron que nuestras noches tuvieran un techo, algunas con internet, otras con cocina incluida y solo algunas con cuarto privado y aire incluido. Efectivamente es un país caro, pero ya lo esperábamos. Lo más sorprendente es su dinámica social, la gente vive desconfiada, el primer contacto es un tanto difícil. Es irónico como en el país más seguro de Centroamérica, las personas son tan temerosas. No me mal entiendan, nos ayudaron muchas personas, de hecho personas increíblemente solidarias y amables, pero, después de pasar la barrera de la presentación, la charla, la desconfianza… no éramos un peligro finalmente.

 11892189_10153574959597792_8883635271424182151_nPanamá llegó muy rápido. Animados y fuertes pedaleábamos con más firmeza, teníamos más confianza. Tal vez porque sabíamos que era la última etapa de Centroamérica, tal vez porque sabíamos que pronto descansaríamos, o tal vez quizá, porque estábamos más sincronizados más conectados.

 Cuando finalmente llegamos a la capital de Panamá y después de cruza el puente de las Américas, nos encontramos con un monstruo de ciudad, enormemente moderno, desigual, con un derroche económico en su infraestructura, que muchos la conocen como el Dubai de Centroamérica. Ahí conocimos a Vanessa y a su hijo Manuel, nuestros ángeles del camino que nos ayudaba a concluir esta etapa. Una difícil, porque era justo aquí donde nos despedíamos de Omar.

 IMG_2470Después de los preparativos pertinentes, reflexiones sobre lo que estaba por llegar. Caímos en cuenta que era el momento de despedirse. Nuestro compañero de viaje, amigo, compa, wey, cocinero… estaba por bajarse del tren. Un tren que duro dos meses y más 2,000 Kilómetros de recorrido, estaba por perder a un integrante. Todos sabemos que así es esto del viaje, hay encuentros y desencuentros. Pero no dejas de lamentar la circunstancia.

Finalmente dijimos adiós. La historia del chiste de: “esta era una vez, un indio un ingles y un mexicano… llegaba a su termino. Subimos a al avión que nos llevaría a nuestro próximo destino para iniciar una nueva etapa.

 

Continuará…

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