La despedida y el inicio

CAM01508Después de posponer el viaje unos meses, y de unas despedidas difíciles pero valientes, parto de Guadalajara, mi ciudad, con cinco maletas llenas de sueños, ojos llorosos, promesas no hechas, y despedidas contenidas. En total, 37 kilogramos de peso.

En las primeras pedaleadas miraba fijamente hacia delante tratando de concentrarme en el destino, pero unos kilómetros después, dirigía mi mirada hacia tras, como si hasta entonces coincidirán y se dieran cuenta que siempre si dolía.

En el camino, descubres la imprudencia y la solidaridad mezcladas en trayectos de menos de 30 metros, desde el carro que pasa como si no estuvieras ahí, como el tráiler que hace sonar el claxon y desde su ventana sacude la mano saludándote. Todo un contraste.

El camino fue difícil y cansado, hasta el kilometro 40 tuve mi primer arrepentimiento, no haber comprado mallas para ciclistas y haber elegido los altos de Jalisco, como mi primer destino (las subidas).

Después de haber sido rebasado por un señor de más de 70 años en una bicicleta cargada de aluminio y cables de llanta que recogió en la carretera y sin una gota de sudor, llegue a Tepatitlan. A mi llegada me encontré con Aldo, la primer persona que me daría hospedaje y también la confianza de entrar a su hogar.

   

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