El ENCANTAMIENTO, historias del camino

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Buscando la zona arqueológica de Revash, en la selva amazona, llegué a un poblado pequeño de no más de 20 casas. Su entrada era a través de un puente de madera vieja, que lo separaba del camino, y tal pareciera también de la civilización. Al cruzar el puente una señora y su hijo me confirmo el pasaje y ofreció su casa como estancia para mi bicicleta mientras subía a las ruinas. “Señal de amabilidad“, me dije a mi mismo e ingrese sin titubeos.

Al entrar al poblado note que había una escuela justo a unos metros del puente, y me dispuse a solicitar hospedaje (sabia que llegaría tarde de las ruinas). Rápidamente el profesor encargado, que estaba en una reunión extraordinaria en la escuela, por suerte, acepto mi solicitud y asigno a un guía del pueblo para que me acompañara por tan sinuosa travesía.

A lo lejos una señora que supongo era familiar de mis guías, grito:

 

“Cuiden al gringo, no se vaya quedar encantado en la montaña“

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Edward y Yud, de 9 y 13 años respectivamente, fueron mis acompañantes. Edward hablaba poco, y cuando lo hacían su volumen bajaba, solo se limitaba a contestar lo indispensable. Yud era lo opuesto, carismática y tenia conversación para todo tipo de tema, cosa que ayudo en un trayecto de más de 2 horas hasta la cima de la montaña. Revash estaba más lejos de lo que pensé.

 Caminado por un sendero de tierra, escuche como murmuraron entre ellos preguntándose qué camino elegir para subir más rápido. Rápidamente Yud tomo la decisión diciendo:

 

“Vamos por el camino grande, aunque tardemos más“

 

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Al escucharlos les pregunte que por qué no íbamos por el otro si era más corto y rápido?, y ella contestó que ese camino le daba miedo porque había una zona donde la gente se queda encantada.

Después de mucha insistencia para averiguar de qué se trataba el tema del encantamiento, ella solo sugería historias cortadas y sin sentido. Al parecer no se acordaba o no sabia la historia con certeza. Decía que la gente se quedaba en la montaña atrapada, al ver una cueva llena de oro.

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El camino era largo, tenia algunas inclinaciones difíciles de subir y el tiempo para oscurecer estaba llegando. Yud decidió, casi al final del recorrido, que nos esperaría en una explanada a que bajáramos de vuelta, ya estaba cansada. Edward y yo aceleramos el paso para llegar, faltaba poco cuando él no quiso subir más. “Saca fotos desde aquí“ decía, “más arriba es peligroso“. Yo no comprendía cual era el peligro extracto o la razón por la que él se ponía tan nervioso. Al final de tanta insistencia y al ver que tenia problemas de que yo subiera más, decline, tome un par de fotos y baje.

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Al regreso le pregunte cual era la razón de su nerviosismo y solo dijo que no le gustaba ese lugar.

 Revash es una zona con edificaciones en los acantilados, hechas según dicen por los Incas, donde colocaban a sus muertos junto con las ofrendas que la familia dejaba. Otros dicen que fueron construidas para que los muertos vigilarán el paraje. Lo cierto es que en cada edificación encuentras osamentas de 1 o más personas, al menos las que quedan, los turistas o curiosos muchas veces las toman como suvenires de viaje.

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Cuando finalmente tuve la oportunidad de charlar, al día siguiente, con el profesor de la escuela, me narro la historia de aquel miedo y nerviosismo de la gente de la comunidad de Puente de Santo Tomas en la amazonas Peruana, en relación al encantamiento, al poder de la montaña y al miedo aparentemente irracional de Edward.

 

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Historia

En la comunidad se sabe una historia de una persona que fue la más rica del pueblo. Cuentan que él era un cuidador de animales y que un día su toro se extravió en la montaña, justo en una peña. Él, después de buscarlo por la montaña, lo vio que ingresaba en una de la peña y fue en su búsqueda. Al llegar, pudo ver al toro al fondo, donde también había más gente. Ingresó y una persona le preguntó: ¿Qué hace usted aquí? por lo que él contesto que buscaba a su toro, ese que estaba al final del camino. La persona le dijo que su comunidad estaba en fiesta y que el toro era parte del festejo. Le pedía muy amablemente si fuera posible prestárselos por ese día, solo en lo que dura la fiesta. Después de mucho insistir, el señor acepto prestarles el toro y quedarse a dormir ahí, siempre y cuando a la mañana siguiente le devolvieran su animal.

 Al día siguiente y según lo prometido, la gente de la comunidad despidió al toro y agradeció al hombre por tan gentil gesto. En agradecimiento, se podía llevar los adornos que le habían colocado al toro para la fiesta. La sorpresa de aquel hombre fue cuando descubrió que los adornos que vestían al toro eran de oro puro. Salió rápido de la peña y se dirigió a su casa con la emoción de compartir la historia con su familia. Al llegar notó una multitud rodeando su casa y gente que al mirarlo parecía a ver visto un muerto. Efectivamente su ausencia no había sido de un día, sino de un año, y la familia estaba llevando a cabo el funeral después de tanto tiempo de desaparecido.

 Hubo mucho alarde y revuelta, hasta que finalmente él contó la historia… esa historia que había durado solo un día, pero en la “realidad“ había pasado un año.

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Toda la gente del Puente de Santo Tomas, creen y temen esa historia. Ella, forma parte de la creencia colectiva, y cuando la cuentan, lo hacen recreándola, la respiran en el día a día de la comunidad. Todos están convencidos que en esa peña existen poderes que no se pueden comprender.

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La multiculturalidad hecha educación, una educación llamada La Calandria

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Al igual que en muchos países, Ecuador también cuenta con lugares tan enigmáticos que se vuelven en imán para turistas, que después se convierten en residentes permanentes. Este es el caso de Vilcabamba, un pequeño poblado a 1 hora de la ciudad de Loja, que es famoso por la longevidad de sus habitantes (100 años), sus aguas cristalinas que les dotan poderes sobrenaturales y un estilo de vida que cualquier citadino envidiaría.

Escuela La Calandria es el mejor ejemplo de multiculturalidad hecha educación, que ha nacido en estas tierras. Es un centro educativo de poco alumnado, pero grande en creatividad y espacios. Los acentos que se perciben en el lugar son tan variados que preferí no preguntar detalles y nacionalidades. Muchas de las veces nos etiquetan y clasifican, perdiendo de vista la esencia más importante de las personas.

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Sonia fue la encargada de darme la bienvenida, una europea que había tenido la fortuna de conocer de manera fortuita, dos días antes de mi visita al colegio, en una reunión de voluntarios solidarios para la cruz roja. Rápidamente me dio la bienvenida junto a un grupo de chicos que están jugando en el patio delantero a súper héroes y luchas medievales.

¿Qué opinan del sistema educativo actual? Fue la primer pregunta que hice a Sonia y Tanja, responsables del centro, que me brindaban un tiempo después de sus múltiples ocupaciones como profesoras, administradoras, cocineras, tutoras.

“Considero que te quita un poco la personalidad, donde el poder publico fomenta en que seamos todos iguales, por lo tanto, quita la creatividad, el ser tú mismo. Para después, cuando eres mayor, tener que trabajar para reencontrar eso que perdiste justo en la escuela“

Sonia

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La calandria es una escuela que se fundo en el 2009 bajo la necesidad de contar con una educación diferente a la que se ofrecía de manera publica en Vilcabamaba. Sus fundadores son un grupo de familias que decidieron aventurarse en el laborioso y complicado, pero gratificante mundo de la educación. Claro, no sin antes haber visitado escuelas en el Ecuador que tuvieran una filosofía similar a la que ellas buscaban. Al final decidieron inclinarse a pilares similares al modelo Sudbury.

La escuela cuenta con espacios variados, lo niños no tienen salones fijos, siempre se mueven, siempre hay juego. Tanja me comenta que ellos son libres de elegir si quieren o no quieren una clase, o si esperan afuera mientras los otros toman la clase.

“La opinión de ellos es muy importante, hay que tomar en cuenta lo que ellos quieren“

Tanja

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Justo en ese momento y como muchos seguramente también, me pregunté: ¿Y los niños saben lo que quieren? , ¿Si los niños deciden jugar todo el día, es correcto?, ¿Si es una educación auto-gestionada, serán capaces de sacarla adelante? Y así decenas de preguntas que surgieron en mi cabeza y que intentaba, sin entrar en polémica, cuestionar hasta entenderlo.

Paulo Freire que es un defensor de la educación libre y auto-gestionada comentó:

 En la relación entre el educador y los educandos, mediatizados por el objeto que ha de descubrirse, lo importante es el ejercicio de la actitud crítica frente al objeto y no al discurso del educador en torno al objeto.

Aun cuando los educandos necesiten alguna información indispensable para la prosecución del análisis —puesto que conocer no es adivinar— nunca hay que olvidar que toda información debe ir precedida de cierta problematización. Sin ésta, la información deja de ser un momento fundamental del acto del conocimiento y se convierte en la simple transferencia que de ella hace el educador a los educandos

 

Entonces el verdadero reto para las escuelas como la Calandria es generar las preguntas o las dudas en los alumnos, para que busquen por si mismos y por curiosidad, respuestas en las clases de los profesores. Al menos así lo entiendo. Es decir, los alumnos son libres de gestionar sus clases y conocimientos, pero el trabajo del educador y de la misma escuela, es generar las dudas en los alumnos, las preguntas, que puedan acercarlos a la investigación por medio de sus profesores, las clases.

Claro que en los niños pequeños suena un tanto complicado, pero considero que puede ser posible de igual forma. No quiero dejar de expresar mi creencia que cuando el profesor tiene un programa y planeaciones tan estructuradas de manera vertical, se corre el riesgo que proporcione espacios tan pequeños de movilidad que el profesor no pueda utilizar su creatividad e ingenio para transmitir la problematización que requieren los alumnos para interesarse en ciertos temas.

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Durante mi corta estancia, pude observar claro-oscuros en la forma de llevar este sistema democrático, siempre el factor tiempo es importe. Me hubiera gustado mucho quedarme un par de días y entender a detalle este tipo de modelo, aparte Vilcabamba atrapa, cautiva. Ser voluntario un par de días parecía una buena idea.

La Calandria ofrece educación inicial hasta 7mo grado, que es algo así como de preescolar hasta 6to de primaria en México. Las áreas con las que cuenta son cálidas, armoniosas. El salón de matemáticas, Sociales, Juegos representativos, salón de lectura, comedor, carpintería, y un jardín con múltiples juegos, forman parte de sus instalaciones. Su personal es poco, pero adecuando a sus alumnos. Ellos también son cálidos, relajados, amigables. Pareciera que es el común denominador en estas escuelas donde se respira la libertad.

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Al igual que en otras escuelas, Simón también salió de su maleta, esta vez no bailo tanto. Durante la explicación de dónde nació, cómo se llama, de qué esta hecho, dónde quedo su bicicleta.. él lo hace bastante bien. El que a veces falla soy yo, se me olvida el dialogo, algunas de las veces él me tiene que salvar porque no me acuerdo que sigue.

Después de la platica con los niños, uno de ellos levanta la mano y me dice: Que bueno que eres mexicano, yo también soy, nací en Tulum. Después de eso tuve un guía personalizado, no se separo un segundo, preguntaba sobre México, sobre el viaje, sobre la bicicleta… Hasta ahora no logro recordar cual era su nombre, estaba disperso procesando toda la información de su escuela. Por fortuna me pidió que nos tomáramos una foto con Aro, mi bicicleta.

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Con la Calandria volví a problematizar la idea del proyecto, esa que genero en mi cabeza sobre para donde quiere caminar EDUbicla. Siempre inacabada, inestable, parece plastilina moldeándose. Hace un par de días leyendo un escrito titulado “Una pedagogía de la comunicación“ (un comunicador popular) de Mario Kaplum, donde clasifica la educación en tres modelos

 

  1. Educación que pone el énfasis en los contenidos. Corresponde a la educación tradicional, basada en la transmisión de conocimientos y valores de una generación a otra, del profesor al alumno, de la elite «instruida» a las masas ignorantes.

  2. Educación que pone el énfasis en los efectos. Corresponde a la llamada «ingeniería del comportamiento», y consiste esencialmente en «moldear» la conducta de las personas con objetivos previamente establecidos.

  3. Educación que pone el énfasis en el proceso. Destaca la importancia del proceso de transformación de la persona y las comunidades. No se preocupa tanto de los contenidos que van a ser comunicados, ni de los efectos en término de comportamiento, sino de la interacción dialéctica entre las personas y su realidad; del desarrollo de sus capacidades intelectuales y de su conciencia social.

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Llegue a la conclusión que no importa si experimentamos con nuevas formas de hacer educación y fracasan, no importa si no convencen o se encuentran defectos. Bien vale la pena intentarlo y modificar en el proceso, que seguir con los modelos uno y dos descritos por Mario, esos que parecieran formar a maquinas en vez de seres HUMANOS y que por desgracia son los que mayormente se encuentran en las escuelas de toda Latinoamérica.

 

 Para el proyecto EDUbicla es muy importante conocer tus opiniones, compartenos tus ideas a través del facebook del proyecto o escríbenos  a edubicla@gmail.com

     

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Amauta, un espacio de formación y transformación constante

Cuando hubo la oportunidad, platicando con alumnos de primaria y secundaria, hice la pregunta que en ocasiones pone nerviosos a los directores de los centros que visito. ¿Qué cosas cambiarían de su escuela y que es lo que más gusta de estar en ella?

El Centro Educativo Amauta se encuentra ubicado a 8 kilómetros de la ciudad de Loja, una pequeña urbe al sur del Ecuador que es famosa por exportar al resto de sus provincias, platillos típicos, tradiciones culturales y campañas que surgen en estas tierras donde llueve casi todo el año y el clima cambia tan rápido que es difícil planear una salida en bicicleta por la ciudad.

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La cita para conocer Amauta fue un jueves a las 9:30am. Las indicaciones estaban claras, ir rumbo a la reserva el Madrigal y encontrar el camino de terracería que conduce al Centro. La vía para llegar es inesperada, lo primero que pensé, no obstante no conocer la escuela, fue que los niños que ahí estudiaban, ya contaban con un aprendizaje y un desarrollo diferente tan solo por el hecho de transitar todos los días por esos parajes tan hermosos y más aun, que su escuela estuviera edificada cerca de una reserva natural.

 

Mi llegada fue con mi fiel compañera Araobed y mi host de Loja, otro ángel en el camino que ayuda a EDUbicla. Paulina y yo fuimos recibidos por un grupo de niños que salieron de la escuela al patio frontal a saludarnos e indicarnos por dónde y cómo teníamos que ingresar.

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Un vaso de agua de piña, un plato de comida deliciosa y una conversación, con los temas más variados propuestos por Khristel, una niña del centro, fueron la bienvenida y la espera de la directora de Amauta que estaba por llegar del Zoológico.

 Mi capacidad de asombro no ha llegado a su fin, a cada escuela, a cada espacio que observo en los centros, me sigue impactando. Amauta no tiene aulas tradicionales, cada aula tiene un propósito y esta adecuado para cada actividad. Aquí los alumnos son los que cambian de salón. Los maestros tienen su espacio “fijo“, pero siempre hay movimiento.

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En Amauta hay claridad de programa, pasos, sistemas… pero un elemento que escuchas y observas en la dinámica escolar, es la flexibilidad. Nada está escrito, todo puede modificarse o cambiar. ¿La razón? La educación tiene movimiento, los alumnos tienen cambios, hay días donde tomar la clase de ciencias o matemáticas, es mejor llevarla a cabo en el rio, en una caminata por los senderos, afuera pues…

 
“Para nosotros es más importante y prioritario, detener clases cuando tenemos un problema o un tema importante a abordar con los alumnos, es decir: Si hay algo interno con los niños o jóvenes que tengamos que abordar, suspendemos clases y resolvemos la situación. Eso es más importante“

Profa. Elsa

   

amauta 2Los espacios de Amauta, son de esos lugares donde te sientes como en casa. Las instalaciones, más que escuela, parecen de hogar, de hogar acogedor y cálido, algo así como la casa de la abuela. La interacción con los niños se dio tan fluida que terminamos entrando a todos los salones del centro para presentarnos y presentar a “Simón“ el títere que viaja en las alforjas de EDUbicla y que sale para amenizar la estadía.

 Los niños están relajados, incluso los más chicos. Todos nos reciben con expectación. Simón es la estrella en ese momento, no habla mucho, pero es un excelente bailarín. Todo su cuerpo se contorsiona una y otra vez al ritmo de la canción de los niños, arrancando risas.

 Por unos instantes olvide las preguntas que siempre hago a los directores, siempre preocupado por exprimir la mayor cantidad de información de los centros. Ahora fue diferente, la verdadera experiencia estaba ahí… en los salones, en la convivencia.

 La pregunta a los alumnos que en ocasiones pone nerviosos a algunos directores, (¿Qué cosas cambiarían de su escuela y que es lo que más gusta de estar en ella?) la realice en un foro donde convocaron a los más grandes de la escuela. Mi intensión tiene un poco de filo, de búsqueda, y la hago cuando hay oportunidad y participación. Todos respondieron lo que más les gusta de su escuela. Sus respuesta creativas, sinceras, inocentes… describían el cómo ellos percibían su escuela y lo que más gustaba realizar en ella. Algunos puntualizaban las diferencias que encontraban en otras instituciones y que les parecían no tan positivo, es decir, la suya era mejor. La primera parte de la pregunta, donde tiene que responder lo que cambiarían, parecía ser respuesta colectiva “Nada, todo me gusta“ respondían ellos.

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Cuando tuvimos la oportunidad de platicar con Elsa, directora y responsable del centro, note un elemento que poco he observado en los directores o responsable de las escuelas. LA DUDA, la insatisfacción, las ganas de cambio, parecían brotar en cada una de sus palabras. Les pido no me malentiendan, estos elementos que identifique en ella, son los motores de cambio, de seguir caminando, modificando. Recordé por un instante una imagen que me envío Rafaela, una amiga de LA, hace un par de días. Decía algo así:

 

“Enseñar, decía El loco, es enseñar a dudar“

Eduardo Galeano, Los hijos de los días

 

Creo que en la educación siempre tiene que estar el elemento de la duda, de la insatisfacción, porque es ahí donde surge la creatividad, las nuevas propuestas, las formas diferentes de ver y hacer la educación. Porque cuando tenemos todo “resuelto“ o creemos que lo hacemos correctamente, nos privamos del cambio y corremos el riesgo de estabilizar o estandarizar, y estos últimos, son factores muy peligrosos en la enseñanza. Considero.

 Muchas veces o todas la veces, concretar en un escrito la experiencia que percibo y vivo en las escuelas, me resulta un tanto complicada. Pero lo que si tengo claro, es que sin duda Amauta y su gran compromiso con la educación, podría aportar elementos muy valiosos al momento de buscar una nueva mirada, una nueva forma de transformar los centros educativos que han caído en la estandarización y la estabilidad educativa.

 Amauta 7Antes de partir del centro y hacer la tan difícil despida, Elsa nos comenta que el proyecto Amauta ha pasado por una serie de retos y dificultades de todo tipo: financiera, legal, estructural… pero siempre han salido adelante. Entre líneas hace ver que han podido construir un colectivo, no solo en la familia que fundo la escuela, sino un colectivo de Padres, de alumnos, de amigos… que trabajando juntos generan las herramientas que sobre llevan las dificultadas, y mejor aun, las resuelven entre todos y con todos.

 Ya no fue necesario hacer la pregunta sobre el papel que juegan los padres de familia en la educación de sus hijos. estaba claro, ellos formaban parte no solo de la educación de sus hijos, sino de toda la escuela. Ellos son un colectivo, son un nosotros.

 

 

 

 

 

 ¿Quiéres saber más sobre este proyecto? visita https://sites.google.com/site/amautaloja/

 

 

 

 

 

 

 

   

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Bernarda Ycaza coordinadora pedagógica de Arteducarte, nos habla sobre su visión de la educación

Entrevista con Bernarda Ycaza, Pedagoga, especialista en educación en museos y actualmente coordinadora pedagógica de Arteducarte, un programa de educación artística independiente, dedicado a estimular la creatividad y expresión, fomentar la capacidad de aprendizaje, autoestima y valores de niños y niñas de escuelas primarias desfavorecidas, en Quito Ecuador, a través de procesos artísticos.

 

¿Cuál es tu opinión sobre el contexto educativo actual?

Creo que el tema educativo actual en Latinoamérica y en concreto en el Ecuador, que es donde tengo un poco de experiencia, ha dejado de ser para mi un segmento a analizar o revisar, y se ha convertido en una posibilidad de estudiar un hecho humano y humanízante, es decir, un hecho inherente al ser humano, ya no solamente como un segmento de impacto en la sociedad. Entonces creo que aquí, específicamente en el Ecuador, están ocurriendo cambios, yo diría que cambios acelerados: temas de revisiones curriculares, temas de revisiones de mallas, de formación de docentes, en fin… Sin embargo creo que el hecho educativo mismo, el que sucede en el aula, en este espacio donde ocurre el día a día de la educación, se mantiene todavía con una característica muy tradicional. Seguimos manteniendo evaluaciones, modos de seguir ejerciendo la manera educativa tradicional de hace mucho tiempo.

 Creo que es momento de re-pensar lo que ocurre dentro del aula. Sí con la base de todo lo que propone una estructura ministerial, de todo lo que propone una estructura de política publica educativa, pero también de re-pensar y revisar que es lo que esta pasando en el aula, entre el maestro, la maestra, las niñas y los niños, que son los actores del hecho educativo. Es por ello que Arteducarte, en este caso, quiere impactar directamente en el aula, con los maestros y con los niños, y no con sus estructuras.

¿Qué opinas sobre las nuevas tendencias pedagógicas o propuestas educativas “alternativas“?

Creo que sobre la educación alternativa, he conocido algunos modelos aquí en Ecuador. Algunos que han tenido, digamos, cierto tipo de resultados y otros, creo, que han fracasado. Precisamente porque se salen completamente de la estructura y los niños y las niñas impactados por esos modelos de educación alternativa luego no tienen posibilidades de inserción en el siguiente nivel de esa misma educación; Que ojala y se extendiera a los otros segmentos.

Lo que sí creo es que es urgente y necesario un cambio en la educación, y si es que la educación alternativa va provocar o puede provocar esos cambios, pues que ocurra. Pero es momento de que la experiencia educativa comience a salir del aula, comience a salir de la escuela y comience a atravesar otros territorios y a modificar otros paisajes. Creo que la educación es y se da, no solamente en el espacio escolar, sino en todos los espacios. Quizá a eso se le llame educación no formal o informal… pero la educación a lo largo de toda la vida, creo que es a lo que debe pretender una educación alternativa como tal.

¿Qué opina de basar la calidad educativa en los resultados de los contenidos académicos?

 Creo que tiene que ver mucho con la estructura que cobija, que es una estructura de paraguas… una estructura publica, gubernamental y formal, que sostiene la educación en general del país. Por supuesto, toda esta tendencia a elevar índices de calidad en la educación, a conseguir resultados de éxito en la educación, evaluaciones altísimas en lo que tiene que ver con lo académico y entonces pensar que ahí esta el éxito del hecho educativo, cuando en realidad, lo que se está haciendo, es una especie de adoctrinamiento, en ese sentido y a través de esas formas

Nos estamos alejando de las formas de ver esa realidad por parte de los niños y las niñas que están dentro del proceso educativo. ¿Cómo ellos pueden sentir y mirar, leer o tocar la realidad que les rodea, que les circunda? De otras maneras. Yo creo que eso no se logra aprendiendo a sumar y restar, que es importante para tener un tipo de relación con la realidad, pero no todo. Creo que se logra justamente en experiencias distintas, vivenciales, significativas, a través de otros medios… El arte por ejemplo.

Entonces creo que en el momento en que se entienda eso y se pueda combinar y se pueda caminar de la mano, entre lo que propone una estructura formal, gubernamental, pública y las reales necesidades del niño en el aula, entonces creo que vamos a comenzar un cambio auténtico.

En estos cambios que requiere la educación, ¿qué papel tiene o juega la espiritualidad?

Yo creo que juega un papel muy importante, desgraciadamente hoy se confunde, (y creo que esto es una reflexión de cajón), la espiritualidad con lo religioso y con la práctica religiosa, o como lo llamo yo: “La militancia religiosa“. Creo que la espiritualidad tiene que ver más con… justamente con esta relación intima, natural, inherente al ser humano de relacionarse con el universo que le rodea. Estas formas de percibir el universo que me rodea, desde mi muy intima percepción, desde mi sensibilidad, cómo percibo el planeta, cómo percibo la naturaleza, al otro, cómo me percibo a mi mismo en este espacio y en este momento. Creo que eso es lo espiritual, y también algo muy importante es cómo yo, luego de hacer esta relación con el universo, respondo a esa realidad. Cómo soy con la naturaleza, cómo soy con el otro, cómo soy conmigo mismo, en esa relación. Entonces creo que es importantísimo.

En el tema de las reglas o disciplina ¿Cómo se genera o se percibe en Arteducarte?

Si quisiera utilizar y nombrar la palabra disciplina, ¿cómo manejamos o como conseguimos la disciplina? Que es lo primero con lo que nos topamos al ingresar en el aula, porque hay una disciplina y una norma para poder trabajar lo que hablábamos antes la parte académica y curricular. Cuando proponemos el hecho educativo, cuando proponemos la experiencia artística dentro del hecho educativo como Arteducarte, casi, casi el tema del estar y el ser en ese momento que proponemos… se da naturalmente. Lo único que proponemos desde el inicio para la convivencia, para aprender a convivir juntos, son acuerdos. Acordamos el tiempo que vamos a estar juntos, entre los niños, las niñas, el artista y el maestro, acordamos qué es lo que vamos hacer durante ese tiempo y acordamos como lo vamos hacer. Normas básicas que son: estamos juntos, vamos a vivir este espacio juntos y por lo tanto, vamos a tener una relación con el espacio y con el otro de alegría… de armonía. Créeme que con esos tres acuerdos o con esa premisa, la experiencia artística educativa fluye. A veces nos pregunta: “¿Si el niño no quiere participar?“ el no participar, la elección de no hacer algo.. es también estar en la experiencia, y es interesantísimo e importantísimo hacerle saber a ese niño, o a esa niña, que es observante y observador de lo que esta pasando con los otros. Eso para nosotros es también participar y formar parte de los acuerdos.

¿Qué les dirías a los docentes que quieren ver la educación de una manera diferente?

Comenzaría diciendo que es posible, eso es lo más importante, que es posible. Y es posible en la medida de que, sin tener que dejar tu experiencia de docente, con toda la estructura que tienes a lado, detrás, arriba y debajo, es posible vivir y sentir el hecho educativo de otras formas. Creo que la principal, donde se comienza, es mirándote y mirando a esa otra edad, es que es el niño y la niña. Hasta que ese otro y esa otra sean tú mismo, solo ahí se logra entender y comprender que es posible un cambio en el aula y en la escuela.

Si quieres saber más sobre el proyecto Arteducarte visita: http://www.arteducarte.com/

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Trampolín de la Muerte, una crónica ciclista

Popayán fue el punto decisivo para elegir la ruta hacia el sur. ¿Las opciones? Tomar la Panamericana de Popayán-El Bordo- Pasto, con una distancia de 246km, pero con algunas alertas de robo a cicloturistas, que al transitarla, publicaban sus experiencias (advertencias) por la red. Al menos supimos de 4 asaltos confirmados en los pasados meses, uno de ellos, una mexicana que recientemente había sido víctima de robo.

 La otra opción: Popayán-Mocoa-Pasto, una ruta llamada “El trampolín de la muerte“(Nombre dado únicamente al trayecto Mocoa-Pasto) por sus riesgosos abismos sin contención, atravesando dos de las tres cadenas montañosas colombianas y una carente estructura hidráulica para soportar las decenas de ríos y cascadas que atraviesan la vía. Las personas que hablaban sobre esta ruta, la describían con vistas increíbles y que bien valía la pena los 9700m de ascenso en todo el trayecto.

 Los retos siempre están cargados de misterio, y con preguntas que giran como mosquitos. ¿Será posible?, ¿Valdrá la experiencia?, ¿Seré capaz de sortearla?¿ Estará en medio de la nada?…Emociones contradictorias son las que se generan con la duda y la incertidumbre. Finalmente llegó la confirmación. Después de un mes de retraso, unas llantas nuevas traídas desde tierras germanas, daban el empujón para encarar el reto con firmeza y la segunda opción fue la elegida.

 Salimos de Popayan por la mañana rumbo a Paletará. Un trayecto con subidas constantes, hasta coronar los 3000m de altitud, altura donde se encuentra este poblado. Al llegar y preguntar sobre opciones para pasar la noche, una persona nos sugiere preguntar en la casa comunitaria, justo ese día tenían reunión de vigilantes comunitarios que custodian el territorio del kokonuco.

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 Acampamos en uno de los pasillos del edificio, escuchando música de fiesta, risas y bromas que no pararon hasta altas horas de la noche. Los guardias tenían su festejo después de su reunión… claro no sin antes, durante la cena, uno de ellos nos compartió el significado de su emblema, su vestimenta y significado de los colores que cada uno de ellos porta en su vestir.

“Somos una comunidad de paz, no creemos en el conflicto, por eso no estamos armados. Lo único que portamos es un palo para protegernos de la invasión de empresas, policías, gobierno… que agreden nuestra tierra… tierra que quieren para ellos“   trampo 14

 Con desvelo y frío llegamos al día siguiente a San Agustín. Nos recibieron en la casa de Don Alfonso, una casona de dos pisos a un costado del mercado, donde rápidamente nos apropiamos como si fuera nuestro hogar. Quizá la mejor opción costo beneficio de todo el poblado. Yo le daría 5 estrellas si tuviera agua caliente (Hace frío). Pero la amabilidad, cariño y un café por las mañanas, hace que no importe tanto.

 De San Agustín a San Juan de Villalobos (Poblado que no aparece en ningún mapa) es un día de recorrido, con subidas, bajadas, lluvia y frio. Este ultimo hace que el camino se convierta en un cascabeleo constante. Al llegar, lo primero que impacta es el edificio de policía, contrasta con todas las casas pequeñas y de arquitectura sencilla.

 Nuestro primer contacto fue una charla con dos policías que al compartir un vaso de tinto (café) nos daban una lectura del pueblo y una recomendación del centro de salud para pasar la noche. Recomendación que fue acertada. Nos dijeron rápidamente que “si“, nos asignaron las camas de hospitalización y nos dijeron, que era muy raro, que llegarán emergencias. Esa noche llegaron tres emergencias: Un niño que se había caído de un bus, un abuelo que había sido atropellado por una moto y a las 2:00 am un joven motociclista que perdió la vida a unas horas de llegar al centro.

 Partimos de San Juan con un sabor amargo en las bocas, desayunamos en silencio y nos dirigimos a Mocoa, último poblado antes de iniciar el Trampolín. Nuestra llegada fue triunfal, un grupo de 100 ciclistas montañeros que habían llegado el mismo día que nosotros, pero en dirección opuesta, nos dieron sus recomendaciones, consejos y debo aceptarlo, me dejaron mucho más tranquilo con los ánimos, diciendo que no eran tan difícil.

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El Trampolín de la Muerte

En Mocoa una vez más, los bomberos salieron en nuestra ayuda y auxilio. Dormimos y descansamos en la estación dos noches, con el fin de tener toda la energía para el trayecto. Salimos un miércoles con dirección al mirador, que está a unos 1400 m de ascenso en caminos de terracería, piedras sueltas y una vez más… lluvia.

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Al llegar al mirador, que es el punto más alto de la primer montaña, seguimos unos 4 km más, en total 41 km de Mocoa hasta encontrar un restaurante llamado “Cristal“. Punto de descanso de muchos ciclistas y donde sus dueños, acostumbrados a los turistas en bicicleta, te ofrecen café y un techo donde pasar la noche. El fogón del menudo, a las afueras del restaurante, sirvió para intentar, sin mucho éxito, secar nuestra, ropa, calcetines y lo más importante, los tenis que pesaban el doble.

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Después de una noche en la cabaña donde almacenan la leña, colocarnos los tenis mojados y salir en medio de lluvia constante, partimos con destino a Sibundoy, el objetivo del segundo día y las esperanzas de pavimento. El trayecto no es fácil, sus subidas con tierra, piedras y agua, hacen que el avance sea lento y cansado, pero sus paisajes, son el paliativo para el esfuerzo, eso si, tiene que ser una excelente vista para que valga la pena detener tu ritmo y paso, para sacar la cámara fotográfica.

Un dato importante es que la vía en un 70% o más, es solo para un vehículo, donde el transito en su mayoría son camionetas de trasporte de personas y de carga, con el tiempo medido para llegar y con poca consideración a los terceros. Por lo que recomiendo que les des siempre el paso, porque ellos no se detendrán ni con un ciclista en la vía. Claro, siempre hay excepciones, pero bien vale la pena la cautela y más en el Trampolín de la Muerte.

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 Para llegar a Sibundoy tienes que realizar un descenso fuerte y constante, por lo que aconsejo que tus frenos estén en buenas condiciones y lleven una chaqueta abrigadora, en caso de lluvia, una impermeable abrigada. Al llegar al Valle encontré a James con los labios morados y las manos en la misma situación. Mi sorpresa fue cuando al comprar el café y cambiarme la ropa mojada en un restaurante, descubrí al verme al espejo que mi aspecto también estaba morado por el frío, incluso en peor estado.

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En Sibundoy existen muchas opciones de hospedaje. Es la comunidad más grande del Valle y los costos de hoteles son bastante accesibles para cualquier tipo de viajeros. Cuenta con todas la necesidades que puedas requerir: Wifi, farmacias, lavanderías, restaurantes… La distancia entre el restaurante el Cristal (primer punto) y Sibundoy, son 40 kilómetros y el pavimento se hace presente a pocos kilómetros antes de llegar al destino.

El tercer día y último fue el más duro, no sé si fue por la lluvia y frío que no dieron tregua en los tres días, la acumulación de cansancio de los días anteriores o porque los ascensos son los más constantes. Lo cierto es que a kilómetros de llegar al punto más alto ,para después iniciar el descenso a Pasto, mis piernas, dedos de los pies y manos no reaccionaban de la misma manera, se resistían a seguir con el movimiento mecánico y repetitivo de las horas anteriores. Hubo un punto donde por estar en construcción, la tierra en combinación con el agua, hacían una mezcla tan chiclosa y densa que era imposible el avance de la bicicleta.

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Una antena de telecomunicaciones a una altura de 3300 m anunciaba el termino de la subida, nos detuvimos en el ultimo paradero para fotografiar la laguna De la cocha y despedirnos de esta ruta que representaba el reto más grande de mi viaje y también el reto más grande para Arobed (mi bicicleta) diseñada únicamente para caminos de carretera y no para caminos de terracería.

trampo tres

Pasto es la ciudad que más gusto, hasta ahora, me ha dado ver desde los altos. El reto estaba hecho, estábamos enteros y completos, con buenas historias que contar y lo más importante… demostrarnos a nosotros mismos que es posible, que tu cuerpo es más fuerte de lo crees y que la voluntad es el motor más fuerte para seguir adelante.

Antes de llegar a mi destino, fue imposible recordar a Irene, una amiga mexicana que me acompaño en la sierra Chiapaneca y que fue capaz de subir la selva negra en una bicicleta de 30 dls, con cambios deficientes y una cadena que rechinaba a cada vuelta… al llegar a San Cristóbal ella dijo: “¡¡Puro Corazón¡¡“ y tenia razón.

La ruta:

Popayan- Paletará- San Juan de Villalobos- Mocoa- Restaurante Cristal- Sibundoy- Pasto

 Estas ultimas en negritas, el Trampolín de la Muerte.

     

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